La Ruta del Cares.

Enclavada en el corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa se encuentra una de las sendas más espectaculares que se pueden recorrer en España: la Ruta del Cares.

La Ruta del Cares - sendatrekking.com

Este camino que une los pueblos de Caín (León) y Poncebos (Asturias) recorre a lo largo de sus 11 kms junto al río Cares, un fabuloso cañón conocido como “La Garganta Divina”, ya que en algunos tramos es tan estrecho que para poder ver el cielo es necesario mirar totalmente hacia arriba.

El camino discurre a media altura, atravesando túneles y puentes suspendidos en el vacío. En ocasiones, su anchura es poco mayor de un metro y ninguna barrera nos separa del abismo. El paisaje es magnífico y sobrecogedor. Monumentales paredes de roca. Árboles elevándose en lugares imposibles. La Naturaleza es una arquitecta que, en ningún momento del trayecto deja de asombrarnos.

Historia de la Ruta del Cares.

Esta senda tiene su origen en una obra de ingeniería casi faraónica.

En 1916 se iniciaron los trabajos de construcción de un canal para trasladar las aguas del río desde Caín hasta Poncebos y así abastecer a la central eléctrica. Cientos de obreros trabajaron a destajo horadando la piedra caliza de la montaña, a mano y utilizando dinamita. A menudo dormían en los propios túneles. La peligrosidad de las obras y la orografía, además de la climatología, se llevaron la vida de 11 trabajadores hasta la conclusión del canal en 1921.

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Unas décadas después se hicieron evidentes las dificultades de acceso al canal para las labores de limpieza o mantenimiento. Se proyectó entonces un camino que facilitara a los trabajadores poder realizar esas tareas. Así, en 1945, los picos y las explosiones de barreños de dinamita sonaron nuevamente a lo largo de la garganta. Los obreros se descolgaban con cuerdas, colocaban los explosivos y volvían a subir antes de la detonación.

Cinco años se tardó en concluir un camino, que con el tiempo se convirtió en uno de los más populares entre los senderistas y hoy es transitado cada año por miles de personas.

Descripción del recorrido.

Aunque de forma más o menos oficial la ruta acaba (o comienza) en la localidad de Posada de Valdeón, y aunque se puede realizar en los dos sentidos, el trayecto más habitual es el que va de Poncebos a Caín.

Saliendo de la localidad asturiana nos encontramos con un tramo de subida bastante empinado. Son unos dos kilómetros de terreno pedregoso, pero que no suponen una gran dificultad si estamos en forma.

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En el punto más alto, llamado Los Collados, podemos disfrutar de unas vistas excepcionales y muy posiblemente nos veamos acompañados de las habitantes de este lugar: las cabras montesas y, quizás, algún rebeco.

Tras descender este collado, el resto de la ruta es más o menos llano y el firme de gravilla. Pronto el valle empieza a estrecharse mientras nosotros ganamos altura con respecto al río. El canal que dio lugar a esta senda -cuyas aguas no son potables- será nuestro compañero en ocasiones, apareciendo y desapareciendo, surgiendo de improviso para introducirse después en las profundidades de la montaña.

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Mientras las paredes del cañón se van juntando entre sí, como si quisieran tragarnos, entramos en la provincia de León y cruzamos dos puentes sobre el río: el puente Bolín primero y el de Los Rebecos a unos 500 metros. Es uno de los puntos más impresionantes de todo el recorrido -rodeados por moles de piedra y con la sensación de estar suspendidos en el vacío- y que nos permite percibir la grandeza del lugar.

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Llegamos entonces al punto más angosto de la ruta y también a su final. Tras atravesar varias galerías y túneles con ventanales excavados en la roca nos topamos con la presa de Caín, el valle se ensancha de repente y enseguida alcanzamos el pueblecito leonés.

Disfrutar de la Ruta del Cares.

La Senda del Cares no tiene una dificultad excesiva así que puede ser disfrutada por cualquier persona que se encuentre medianamente en forma. Tan sólo si la trazamos desde Poncebos, nos encontraremos con el tramo de subida ya comentado.

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Se debe tener en cuenta, sobre todo, su longitud. Son aproximadamente 11 kms, unas 3 o 4 horas de caminata sin escapatorias, así que debemos planificar cómo queremos realizarla.

Una posibilidad es hacer ida y vuelta. Lógicamente eso la convierte en una marcha de 22 kms por lo que debemos aprovisionarnos convenientemente y estar pendientes de la climatología, además de medir bien nuestras fuerzas.

Si no tenemos tanto tiempo o energía, podemos realizarla en un sólo sentido: Caín-Poncebos o Poncebos-Caín. En la zona existen empresas que ofrecen un servicio muy útil para ello: nos llevan hasta el inicio de ruta que deseemos y nos recogen unas horas después al otro lado.

Otra opción es alojarse en alguna de las poblaciones. Ambas cuentan con hostales y restaurantes en los que descansar y reponer fuerzas.

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Durante los meses de verano la ruta se encuentra realmente masificada de caminantes así que para disfrutarla con menos agobios son ideales los meses de primavera o de final de verano y comienzo del otoño.

Las recomendaciones principales son las habituales siempre que realicemos actividades en la Naturaleza. El calzado debe ser cómodo y apropiado. En los meses de más calor llevaremos una gorra para protegernos del sol y, por supuesto, agua para hidratarnos. También es aconsejable, teniendo en cuenta que en montaña el tiempo puede cambiar rápidamente, portar alguna prenda de abrigo o impermeable, por si acaso.

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Es muy importante recordar, a lo largo de la marcha, dónde nos encontramos. Nos estaremos moviendo por un camino más o menos estrecho junto a un barranco de, en ocasiones, cientos de metros. Los que no sean muy amigos de las alturas pueden pasarlo un poco mal. Habrá que extremar las precauciones cuando nos crucemos o queramos adelantar a otros senderistas. También deberemos tener especial cuidado si vamos con niños; hay que llevarles de la mano y por el lado interno del camino. Además puede producirse el desprendimiento de alguna piedra, así que andaremos también con algún ojo a esto.

La Ruta del Cares no es un paseo por el parque, pero no tiene por qué resultar peligrosa. Siendo conscientes y precavidos podremos disfrutar de una senda accesible que nos introducirá en un rincón inolvidable.


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